|
Hay días en que se nos nombra
del Gozo , hijos predilectos,
y como a tales se nos corona
de pámpanos y de rojas cigarras
Desde tan alto trono
llegamos a sentir el aliento
de Dios en la nuca .
En vana presunción
nos creemos,
de las bridas, los amos
y que conducimos los portros del Destino
Cuando en una ráfaga de cordura
descubrimos que sólo somos aurigas
de invisibles corceles e ignoramos
hacia qué cima o abismo
-desbocados-
nos conducen
|